CARTA A: MANOLO LINARES

CARTA A: MANOLO LINARES

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Manolo, esperaba con ansias la inauguración de la exposición en la Galería Murillo de Oviedo, pues las fotos de tus cuadros incitaron y espolearon mi dormida sensibilidad pictórica… ó ¿más bien fueron los motivos plasmados: como la niña de la playa, “¿Qué futuro le espera?”; la segadora, “Castilla”; los segadores, “Preparando la facina”;  “Trabajando la viña” ó “Recordando el pasado”?

 

Llegué a la apertura y allí estabas tú, permíteme que te lo diga, me pareció…, abrumado por la presencia de lo más florido de nuestra sociedad: empresarios, prensa, política, cultura…  Saludabas, sonreías, te fotografiaban, te traían y te llevaban hacia unos y hacia otros…  Quizás sea el peaje del artista…

 

Era difícil extraerse, para poder contemplar y percibir la magia de tus lienzos, pero lo logré, gracias al poemario de tu hija Almudena. Unos versos deliciosos, pletóricos de lírica y poesía, perfectamente incardinados  con el autor y su obra como cuando te define:

 

“Y cuando veo las sombras de tus cuadros

el negro plomizo

pesado y saturado

de pesadumbre

me tranquiliza

saberte

tan bondadoso

y realista

capaz de no doblegarte

por las miserias,

no dejarlas a un lado

mas atenderlas siempre

con tierna delicadeza,

casi divina.”

 

                Cité cinco de tus cuadros,  ahora permíteme, y espero que Almudena me lo permita, describir lo que me transmitieron con algunos de los versos de su poemario:

 

Lienzo: ¿Qué futuro le espera?

 

“No quiero que el tiempo pase,

me alce el viento,

me convierta en recuerdo.

No quiero dejar de llorar;

quiero que mi lamento sea un canto

un “te quiero”.

Y tras ese llanto que me arde dentro,

amanecerá.

El sol que me trajo aquí

me llevará entre velos

para seguir llorando; para vivir riendo,

…De tanta felicidad estoy llena

que lloro y lloro

por no saber si yo valgo la pena.”

 

Los otros cuatro lienzos, con motivos campesinos, no solo plasman maravillosamente nuestro campo…, pues “Castilla” y “Preparando la facina”, me trasladan a mi Grandas natal, donde las distintas faenas del trigo: siembra, cosecha y mallega, permanecen nítidas en mis recuerdos de niño; y, “Trabajando la viña” y “Recordando el pasado”, me hablan de un paraíso desaparecido bajo las aguas del Salto de Salime; sino que, por los versos de Almudena, nos hablan también del corazón del autor de la exposición:

 

“Tienes el desgraciado don

de no haber nacido campesino.

Estás preso de la luz y su color,

de las puras formas y la mirada

que todo penetra.

Mas sin embargo tienes

la virtud desgraciada

de ser

cada uno de los campesinos

que con tu decir verdor

liberas.

Verde temblor guerrero

el amarillo es la luz triste

de los campos de batalla

de trigo aniquilados.”

 

“Se dice que el arte

siempre ha estado rozando

la locura.

Pero tu única enfermedad

artística, artrósica y sumamente álgica

es padecer

exceso de cordura.

Tus campesinos son

los cristos de Velázquez y Zurbarán

los apóstoles de El Gresco

el goyesco perro hundido en la arena.

Hay en tu pintura

lo que siempre ha existido

desde ancestrales tiempos.

Tu religiosidad

de buen o mal cristiano,

o dígase, sin más, humanidad

en cierto modo

sobrehumana.

Tus campesinos son

tu lucha por liberarlos de la pesada cruz

de los hirientes clavos del abandono; una oda al esfuerzo y la constancia.

Tus campos verdes y amarillos,

la intensidad

la pasión son

el fervor con que admiras

la magia

de todas las naturalezas.

Solo tu captas

lo inasible.

Aquello para lo que los demás

nos hemos vuelto ciegos.

 

 

                Manolo, te deseo un gran éxito con la exposición…, pero el mayor de todos ya lo tienes. Felicita a tu hija Almudena por sus versos. De verdad me han encantado, han sido la simbiosis perfecta con tu pintura.

 

                Me permito poner esta nota en mi muro, pues me gustaría que mis amigos pudieran disfrutar de estos versos de Almudena García Marsá, y, aunque solo por referencia, de tu exposición. Un saludo.



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