ALEJANDRO CASONA Y BESULLO

ALEJANDRO CASONA Y BESULLO

                En este año de 2009 las estaciones habían venido bien marcadas:  el otoño pasado, sembrando de dorados los bosques autóctonos de hayedos, robledales y castaños, ó esculpiendo de blanco los desnudos tallos de las abedules; el invierno, reafirmándose como tal en las primeras nevadas de diciembre ó en los carámbanos colgados como goteras de los tejados en las zonas más altas; y las últimas nieves, recibiendo la primavera, una primavera pluviosa, como las de antaño, muy de antaño quizás de los años sesenta, lluvia a su tiempo que sirvió para tejer un manto verde en llanos, valles, laderas y hasta en montañas desgarbadas que empezaban a olvidarse del color de la esperanza, esperanza que se vio colmada en el comienzo del verano con una fantástica cosecha de heno que este año sí merecía ser cosechado, sobre todo teniendo en cuenta el buen tiempo para la siega y recolección que se prolongó hasta el día del Carmen, día que Adrián y su esposa eligieron para hacer una escapada al occidente asturiano celebrando no solo su aniversario de boda, sino compartiendo con los cangueses la DESCARGA en honor de su Virgen.

Adrián, además, podría así dar cumplimiento a una ilusión de mucho tiempo, visitar la casa natal de Alejandro Casona en Besullo, su autor teatral predilecto, visita que incomprensiblemente nunca había hecho, pese haber pasado numerosas veces a escasos kilómetros.

                Antes de partir ojeó el Tomo I de las obras completas (9ª edición corregida y ampliada de 1966 de la editorial Aguilar) y ya en las primeras líneas encontró una inexactitud: “… nació en Besullo, del concejo de Cangas de Onís, provincia de Asturias, el 23 de marzo de 1903…”, siendo evidente que Besullo pertenece al Concejo de Cangas del Narcea y no al de Onís.

                In situ, en el propio pueblo de Besullo,  pudo comprobar otras, por ejemplo que Alejandro  no nació en “la casona”, la casa de los siete balcones donde su padre impartía escuela y de la cual tomó su propio nombre literario, sino que nació en “Casa Pachón”  , tal  y como le relató el nonagenario Ramón, vecino de Besullo que en su niñez conoció a un Alejandro Rodríguez, hijo del antiguo maestro del pueblo, en visita veraniega, y no solo lo conoció:

-Estábamos varios niños bañándonos en el pozo del Mazo y llegaron Alejandro y algunos amigos suyos, bastante mayores que nosotros, y nos echaron de allí; entonces nosotros subimos prado arriba y desde lo alto la emprendimos a pedradas hacia ellos para que se marcharan, pero Alejandro vino por detrás y a mí me cogió por las orejas y me llevó a rastras hasta el camino que subía al pueblo… Después, Alejandro  poco vino por aquí y poco hizo por el pueblo, no así su sobrino…

 -Hombre, él estudió y trabajó fuera de Asturias antes de la guerra civil, y después ya se tuvo que exiliar, siendo desde el exilio donde sí hizo mucho por Besullo, dándolo a conocer a todo el mundo mediante sus obras,  –le interrumpió Adrián viendo que Ramón seguía anclado en su recuerdo de niñez- por ejemplo LA DAMA DEL ALBA , LA CASA DE LOS SIETE BALCONES o LOS ARBOLES MUEREN DE PIE, obras que han tenido un gran éxito en todo el mundo y hablan de estos paisajes, de estas tierras y sus gentes… Aquí mismo, están viendo como viene gente continuamente para ver donde nació Alejandro Casona…

-Alejandro Rodríguez, él no es de LA CASONA, sino de Casa Pachón… -Estaba claro que Ramón no olvidaba lo del pozo de El Mazo.

-Yo acabo de visitar ahora LA CASONA y es tremendo verla destruida, quemada… y casi al lado efectivamente he visto la casa donde está la placa de su nacimiento, la que usted dice que es casa Pachón. ¿Cómo ocurrió lo del incendio?

-Allí vivía una señora muy mayor… tenía algún problema, y un buen día se prendió fuego…  y con el fuego allá se fue la casa de Don Lorenzo de Llano Flórez…  la casa que un día fue la escuela de Besullo, y la casa en que efectivamente se inspiró Alejandro para escribir esa obra…

LA CASA DE LOS SIETE BALCONES. Aunque yo le diga todo esto, Besullo no olvida a su escritor, ahí, un poco más abajo, hay otra placa de homenaje, y también aquí recibimos bien a los que nos visitan… así que si me quiere acompañar ahí tiene su casa, y yo tengo jamón y queso para invitarle…

-Muchas gracias Ramón, ha sido un placer hablar con usted.  

                Se despidieron y Adrián siguió visitando el pueblo, encontrando muy cerca la placa  conmemorativa del centenario del nacimiento del Alejandro Casona, que en un poema suyo habla de la tierra donde nació: 

Tejados de pizarra

con tiñas de verdín

Para ir de Romería  

colleras de maíz    

Frugales y perfectos

sonetos de madera   

Dólmenes agrarios

¡hórreos de mi tierra!         

                 El resto del recorrido, volviendo sobre los primeros pasos, fueron para Adrián un nudo de emociones: El viejo portalón de entrada al corral, LA CASONA quemada con el testimonio 

del esqueleto de sus cuatro paredes, tres balcones en una…  y cuatro balcones en otra… 

y rodeando este esqueleto, los hórreos y paisajes que vivió y soñó Alejandro Casona… y perviviendo, intacto, quizás como lo recordó siempre Alejandro el escudo de LA CASONA  … pero no así el interior de la CASONA…  

                Es difícil poder imaginarse a Genoveva bajando majestuosa las amplias escaleras, ó a Uriel construyendo su barco junto a la chimenea, ó a Ramón tratando altivo a su amante y tierno a su hijo, ó a Rosita añorando desde estos balcones y ventanas  su aldea…

                Ciertamente a Adrián el nudo de emociones se le tensó cuando desde el quicio de la puerta “a ninguna parte”, miraba hacia el interior de la casa  viendo a Mary Carrillo (Genoveva,) conversando tiernamente con su sobrino Uriel, en una interpretación magistral de 1989, ó viéndose a sí mismo escuchando a  Alejandro Casona en una conferencia para emigrantes y exiliados españoles en Montevideo en 1962, cuando ya Casona planeaba el regreso a España, hablando de su obra, especialmente de LA CASA DE LOS SIETE BALCONES estrenada en Buenos Aires el 12 de Abril de 1957, cinco años antes, en el momento en que a Alejandro Rodríguez, Casona, se le cristalizaba la mirada cuando recordaba su niñez en Besullo.

                La visita tocaba a su fin y reclamado por su esposa y cuñados, Adrián se despidió en silencio de Besullo y de Casona, en la esperanza de que un día LA CASONA pueda volver a ser puesta en pié, como los ARBOLES de los bosques que la contemplan.

                Cangas fue el destino, LA DESCARGA con sus setentas y dos mil cohetes en honor de la Virgen del Carmen el motivo, y el aniversario de treinta y siete años la causa de todo ello, pero ha sido Alejandro Casona y la Casa de los siete balcones lo que les llevó a Besullo.

G.R.L. ©

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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